Hace apenas unos meses terminé de leer Los libros arden mal, una novela del gallego Manuel Rivas, autor de textos que alcanzaron otra dimensión en el cine. Sucedió con La lengua de las mariposas y El lápiz del carpintero, ambientados en la Guerra Civil Española.En Los libros arden mal está presente, de principio a fin, la quema pública de libros en la Plaza María Pita, en La Coruña, en julio de 1936. ¿Por qué se queman los libros? ¿Por qué se clausuran bibliotecas de ateneos y se destruyen bibliotecas personales y a sus dueños se los persigue?
La novela tiene pasajes memorables, como el del encargo que recibe un oficial raso de salvar las biblias de la hoguera y entregarlas a un juez, quien, además, se encarga de atesorarlas en una espúrea colección. Los libros son encarcelados y custodiados como presos peligrosos, los libros rescatados se comercian en el mercado negro, las nuevas creaciones poéticas son apropiadas por el censor y publicadas con su nombre.
Los coruñenses observan una humareda, la misma de la fotografía de esta entrada, la misma foto que abre el libro para decir que parte de lo que se va a contar sucedió realmente, que no es cuento, que no salió alegremente de la imaginación del autor.
Por estos días Rivas está la Argentina. Y publicó este breve texto sobre el país y algunos avances en materia de justicia y memoria.
La novela tiene pasajes memorables, como el del encargo que recibe un oficial raso de salvar las biblias de la hoguera y entregarlas a un juez, quien, además, se encarga de atesorarlas en una espúrea colección. Los libros son encarcelados y custodiados como presos peligrosos, los libros rescatados se comercian en el mercado negro, las nuevas creaciones poéticas son apropiadas por el censor y publicadas con su nombre.
Los coruñenses observan una humareda, la misma de la fotografía de esta entrada, la misma foto que abre el libro para decir que parte de lo que se va a contar sucedió realmente, que no es cuento, que no salió alegremente de la imaginación del autor.
Por estos días Rivas está la Argentina. Y publicó este breve texto sobre el país y algunos avances en materia de justicia y memoria.
Por Manuel Rivas
El País, 11/09/2010
Hace muy poco, en el 2001, Argentina era un país desahuciado. Si en Europa hoy hablamos de crisis, lo que vivió ese país fue una joda total. Millones de familias perdieron los ahorros. Los viejos que entregaron sus pensiones a fondos privados, animados por los loros del neoliberalismo mágico, se encontraron de repente en la indigencia. La pasta de los más ricos, avisados, emigró como las golondrinas. Los barrios del Gran Buenos Aires se autoorganizaron para dar de comer en ollas populares. Hoy Argentina levanta algo más que la cabeza, pese al mangoneo de una oligarquía prepotente, bendecida por una curia pendiente de exorcismo. Trazos cavernícolas que se prestan, sí, a un paralelismo con la España del Último Día. Sería recomendable que unos y otros viesen Tatuaje, donde se lleva a la escena la vida de Miguel de Molina, el cantor torturado por esbirros de Franco y que encontró refugio en América, con la ayuda de Evita. Por cierto, pocos países en el mundo tienen el pulso cultural que hoy tiene Argentina, donde también se está escribiendo el mejor periodismo literario. Agarren, si pueden, Frutos extraños, de Leila Guerriero, y Si me querés, quereme transa, el último de Cristian Alarcón. En el renacer después de la ruina, algo habrá tenido que ver la presidenta Cristina Fernández, denostada por la derecha como una bruja. Pocos países en el mundo de hoy han avanzado tanto en el campo de los derechos humanos. No he llegado a esta conclusión por birlibirloque. Lo pienso al salir de un juzgado en Comodoro Py, donde he podido asistir, como un ciudadano cualquiera, al juicio a la plana mayor de la ESMA, el centro de la Armada que la dictadura convirtió en un matadero. Y me ratifico al leer la resolución de la Cámara Federal, que se dispone a investigar el genocidio franquista si no lo hace la Justicia española. Gracias, Argentina.
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